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Vassalo talló durante
su vida un total de seis crucificados, en los que predomina el
equilibrio y la serenidad, alejándose de la pasión
y el dramatismo barrocos. De ellos el más logrado y personal
es probablemente este Cristo de la Paz, de parecida factura al
Cristo del Calvario de Baeza. La imagen fue expuesta antes de
su entrega definitiva al Colegio Nuestra Señora de los
Reyes de Sevilla en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Estilizada, de largos y finos brazos, sentida y devota, la figura
del Redentor está para Pérez Comendador "más
que penetrada de dramatismo, de amorosa dulzura, como corresponde
a su advocación". La forma del cuerpo, el suave modelado,
el grácil plegado del sudario y la serena majestad que
del liso leño se desprende, nos evocan claramente a los
crucifijos italianos del Renacimiento. Por otra parte, el cuerpo
está desprovisto de llagas y señales de dolor y
la cabeza sin corona de espinas lo que unido a la ausencia de
sufrimiento proporciona sensación de espiritualidad, reflexión
y serenidad al creyente que observa a su Redentor.
La obra fue realizada inicialmente para el Colegio Nuestra Señora
de los Reyes del barrio sevillano de Torreblanca. Tras el cierre
de mismo, permaneció en estado de abandono durante varios
años llegando a deteriorarse gravemente. Gracias a la
iniciativa del Padre José María Mier-Terán,
en septiembre de 1994 la Junta de Andalucía cedió
la obra en depósito, junto con un relieve de la Virgen
de los Reyes, también de Vassallo, a la Compañía
de Jesús con la condición de que ésta se
hiciera cargo de su restauración. Tras la misma, ambos
trabajos fueron ubicados en la capilla de la Residencia de ancianos
de San Rafael en Dos Hermanas (Sevilla), donde permanecen expuestas. |